viernes, 26 de octubre de 2012

Querido maestro...

Como muchos días que me iba rápido al terminar mis clases y después tu me llamabas para decirme o contarme algo, justo como este último día en que nos vimos y esa última conversación, esta vez has sido tú el que te has ido demasiado pronto, esta vez es para siempre y no he podido despedirme.

Son tantas cosas las que tendría que decirte...

Has sido una persona que siempre has estado ahí, apenas tenía 3 años y ya estabas ahí... aunque eso yo no lo recuerde. Como yo, somos muchos los alumnos que hemos pasado por tus manos, esas manos temblorosas listas siempre para dar un toque de atención o levantar el ánimo. Muchos los que se han sentido acompañados por ti en momentos difíciles, en situaciones familiares complicadas... Muchos que te deben a ti, entre otros, el haber seguido ahí y no haber tirado la toalla... ¡Cuántas mañanas firmando por llegar tarde en tu despacho!
Aún recuerdo verte en tu despacho de jefatura, por el cristal de la puerta trabajando en el ordenador, en ese pequeño rincón del colegio que luego me cediste. Recuerdo tus clases, los juegos populares, las carreras en el patio, el silbato... recuerdo cuando nos pediste que te ordenáramos los materiales del gimnasio y cómo pusimos todo manga por hombro. Recuerdo los teatros que nos pediste que realizáramos en secundaria, las abdominales y carreras... Te recuerdo cuando los días que tenías que volver al colegio por la tarde, te quedabas a comer en el bar de la esquina...

Cada día hasta mis 16 has estado ahí como el Maestro. Ese título que te ganaste, y que ninguno después hemos tenido. Los demás éramos Don tal... o el Maestro cual... pero tú eras "El Maestro"
Me enseñaste que las limitaciones y las dificultades no son un obstáculo sino una oportunidad para superarse. Que el trabajo bien hecho y el esfuerzo son los que hacen cosechar grandes frutos. Que nadie merece ser discriminado por su físico o sus capacidades.

Cuando 5 años más tarde volvía al colegio, quizás sin haberme ido nunca, y esta vez como compañero, tú seguías estando ahí y seguiste enseñándome como dice la canción: "me enseñaste con tu sabiduría, con tus gestos que hablaban, me ayudaste a crecer".

En estos dos últimos años me has enseñado el significado de la palabra COMPAÑERO que no es compartir centro de trabajo, ni tener que hacer cosas juntos, sino mucho más, ser y estar para el otro, con una mirada, una mano en el hombro, un regalo para agradecer el esfuerzo, un bombón a media mañana, un disparate, una foto por el móvil... Compañero es saber estar sobre todo cuando a uno no le iba bien, cuando tenía un día gris y faltaba motivación para el trabajo... Tu me has hecho sentirme valorado, me has dado un lugar para poder crecer como educador, para poder ofrecer a nuestro cole lo mejor que tenía...

Me enseñaste también que la familia puede ir mucho más allá de las cuatro paredes de tu casa e incluir a más gente que no lleva tu sangre. Que FAMILIA CALASANCIA y COMUNIDAD EDUCATIVA, no son cosas que se dicen sin más sino que se construyen día a día y se llevan a la vida. Con un simple grupo por el whatsapp conseguiste que nos uniéramos más, y esa era una de tus satisfacciones, que fuéramos más que trabajadores... Comentar un partido, mandar una foto tomando el sol en la playa para darnos un poquito de envidia, contar algún chiste o compartir momentos difíciles... han sido el día a día, y han dejado su fruto...

A tu lado he crecido y he aprendido que desde la ilusión por los proyectos todo sale mejor, que un buen libro puede ser un gran amigo (aún tengo aquí el último que me dejaste), que las nuevas tecnologías pueden ser muy útiles, además de divertidas,  aprendí  que el humor siempre tiene un sitio y cabe siempre y sobre todo que juntos podemos más. En ti he visto que las grandes cosas se hacen desde la normalidad del día a día y que por encima de todo están las personas.

Hoy toma sentido las palabras de Jesús, porque el grano de trigo ha caído en tierra y ha dado fruto. Tu vida ha sido corta, muy corta... pero has dejado huella, y has dado mucho fruto ahora, y en adelante.

Las lágrimas de hoy, son el encuentro entre el dolor y el agradecimiento. Y aunque tu probablemente me dirías que son mariconadas... ahora el cigarro del recreo no será lo mismo, ni la esquina o la puerta del colegio, ni el despacho, ni el patio...  No será igual la plataforma, ni los blogs, ni la web, ni la formación, ni ninguno de esos proyectos que se quedaron en el tintero... Todo tendrá que seguir adelante, pero ahora será sin uno de los grandes motores de este barco, y sin la guía segura de llevarte a ti delante.

Manolo, maestro, compañero y amigo, hoy en esta última vez tengo que darte las gracias por lo que has sido y serás siempre, decirte que te queremos y que te vamos a echar mucho de menos. Acompáñanos y cuídanos, ahora desde el cielo.

Me despido de ti, con esta canción tan escuchada en nuestro colegio, y que hoy cobra todo su sentido. GRACIAS, PORQUE DE TUS VIEJOS CUADERNOS APRENDÍ LA LECCIÓN, PORQUE LO MEJOR DE TU VIDA, ME LO LLEVÉ YO, NOS LO LLEVAMOS TODOS.


Maestro, humilde y sencillo,
cercano a los niños, tan lleno de amor.
Atento a sus inquietudes,
a sus sueños que vuelan, y tú también soñador. Maestro, fiel acompañante,
de este crecimiento como si fuese flor.
Maestro, eres más que maestro, eres mano tendida, siempre en donación.
MAESTRO, MAESTRO, QUERIDO MAESTRO,
DE TUS VIEJOS CUADERNOS, APRENDÍ LA LECCIÓN. MAESTRO, MAESTRO, QUERIDO MAESTRO
LO MEJOR DE TU VIDA ME LO LLEVÉ YO.
Tu fuiste aquel que siempre prudente, 
te acercaste a mi vida, respetando mi ser.
Me enseñabas con tu sabiduría,
con tus gestos que hablaban me ayudaste a crecer.
Con paciencia, esperaste a que el tiempo madurase mi fruto, fuiste antorcha de luz. Hoy te digo: ¡Muchas Gracias Maestro!
sigue siendo el testigo del Maestro Jesús!
MAESTRO, MAESTRO, QUERIDO MAESTRO
DE TUS VIEJOS CUADERNOS, APRENDÍ LA LECCIÓN. MAESTRO, MAESTRO, QUERIDO MAESTRO
LO MEJOR DE TU VIDA ME LO LLEVÉ YO.

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